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domingo, 1 de octubre de 2017

"...ideas de NO AMOR"

"Agua fría"
Acrílico y tinta sobre tabla. (A. Arcas)




...no Amor 1:
Sé que yo no era tu primera opción.
Sabes que tú no eras mi primera opción.

Lo que no sabíamos entonces es...

qué era lo primero.






"...ideas de NO CIUDAD"


No Ciudad 1: 
No podrá llamarse ciudad a aquel lugar en el que, al ir paseando por su calle principal, una pueda encontrarse con su ginecólogo.

No Ciudad 2:
No podrá llamarse ciudad a aquel lugar en el que, al ir paseando por su calle principal, sea posible cruzarse con un ex-. 

No Ciudad - Compendio:
No podrá llamarse ciudad a aquel lugar en el que, al ir paseando por su calle principal, puedan cruzarse a la par, diferentes parcelas privadas de la vida

CuadernoViaje-Cádiz

Cuaderno de Viaje-Cádiz-Sept'17
Acuarela sobre papel Saunders (A.Arcas)












jueves, 8 de diciembre de 2016

SAL

A partir de este Jueves 8 , se puede visitar en el espacio Metrópolis Café la muestra "Sal".



jueves, 2 de junio de 2016

"SOMBRA"

Tirada por el suelo,
lanzada al asfalto de la calle
donde las rayas blancas la cruzan como vendas,
mi sombra, atraviesa la ciudad.

Hundida en la rejilla de un imbornal.
fugaz en el poste de una farola,
metida en los escaparates de las tiendas

Quebrada en la escalera,
obtusa bajando y aguda subiendo la ladera
o, al final del día, sombra inalcanzable en la acera.

Hasta que nos cruzamos por la calle,
y tu sombra engulle la mía, 
entonces, planos en la pared… parecemos uno…


…algo es algo.

Nina Arcas

martes, 10 de mayo de 2016

"SILVINA"

"SILVINA"
Bueno, hasta aquí había llegado más o menos, ahora tocaba subir la escalera. Pasó al portal y una sombra fresca la abrazó. Iba con el peso repartido entre las dos manos, las latas de bonito y los yogures a la derecha, la verdura y la barra de pan a la izquierda. Hoy nadie podría ayudarle a subir la compra,  Juanma, el portero, había comenzado sus vacaciones de Semana Santa hacía dos días y tendría que subirla sola hasta el quinto.
-“¡Empezamos! Uno, dos, tres, cuatro,…”
Los peldaños de madera estaban muy desgastados por el interior, aunque ya lo estaban cuando llegó a la finca con su marido y sus hijas, hace treinta y cuatro años.
-Iré despacio, a ver si ahora voy a rodar.
"Metrópolis" (Acuarela sobre papel Arches)
Pasó por el primer piso con el aliento aún controlado. Ahí colgaba el cartel rosa que anunciaba la “Escuela de Ballet”. Con lo fino y evocador que resultaba y lo estirada e impertinente que era su dueña. Desde luego lo parecía en las reuniones de la comunidad de vecinos, tiesa y envarada con su cuello de pollo. Estaba enfrentada con el viejo vecindario por negarse a aportar su parte para la instalación de un ascensor.
-Estando en  el primero, ¿qué ascensor voy a necesitar? Y desde luego mis alumnos tampoco, que suben los peldaños como gacelas.
Y bien cierto era. Sus alumnos, en su mayoría alumnas, más que subir ascendían, por no decir que levitaban hasta el primero. Pero realmente lo mismo le iba a dar, lo quisiera o no el ascensor se iba a instalar por una mera cuestión de accesibilidad, (tan fomentada en los últimos años por el Ayuntamiento), y porque formaba parte de las obras de rehabilitación del inmueble que tenían que afrontar como consecuencia de la Inspección Técnica del Edificio y que, de hecho, lo previsto era que comenzaran el lunes siguiente.
Silvina siguió subiendo muy despacio con la intención de no tener que llegar a parar. Pasó por el segundo y por el tercero, donde ya no conocía a nadie, porque ahora los pisos se alquilaban y las familias cambiaban cada poco tiempo, salvo que fueran estudiantes, en cuyo caso directamente no paraban en la casa. Esos descansillos más parecían un desfile que un rellano.
Entonces llegó al cuarto, donde vivía su vecino Heliodoro. En ese punto se abrió una puerta y salió el hombre que, tranquilamente, cogió las bolsas de Silvina y empezó a subir las escaleras mientras iba hablando con un acento extremeño que los años en la capital no habían conseguido borrar.
-Bien podía usted haber llamado al telefonillo, habría bajado a ayudarle.
-Voy sin prisa, no corro, pero se lo agradezco igual.
-¿Cómo va el jamón? ¿Pudo empezarlo ya?
-Sí ¡Muy bueno! Lo empezamos este sábado pasado. Mi yerno se entretuvo con él (solícito como nunca lo había visto), cortando para todos.
-Hace falta cierta maña para manejar un jamón. Ya le dije, póngalo en un lugar en el que no haga calor.
-De momento lo tengo en la fresquera de la cocina. Ahí, al frío del patio.
Ya habían llegado al quinto hablando de estas cosas y Silvina buscaba las llaves de su casa dentro del bolsa de tela que llevaba. Le costó encontrarlas tanto, que para cuando las sacó ya había asomado por la puerta su vecina de enfrente, Concha, quien apenas podía salir de casa por la artrosis y necesitaba conversación más que ninguno de ellos.
Y allí estaban los tres, el núcleo duro de las reuniones de vecinos y gracias a los que ya se iba a montar el ascensor. Uno, de los que suben y bajan y paran en los pisos. Vamos, un ascensor con botones, espejo y todo. Ya quedaba menos.
Pasaron los días extraños de la Semana Santa, en los que el silencio se apoderó del tiro de la escalera y llegó el ansiado día. Y llegaron los obreros y los martillazos, los sacos de arena ocupando el portal, los sacos de escombro ocupando la acera, el olor a humedad del mortero de cemento,…
Rápidamente, creció por la fachada un andamio que la envolvió por completo. Luego, descolgaron por él un gran cartel anunciador de una compañía de teléfonos, y ya quedó totalmente tapada con ellos dentro.
En el interior del patio de manzana, ocurrió lo mismo. Silvina vio a través de las cortinas de ganchillo de su cocina, cómo los obreros iban montando otro andamio que cada vez se acercaba más y más a su ventana, hasta que la alcanzó y después la rebasó para llegar a la cubierta. Por la estructura del patio montaron una gran escalera que sustituía a la original mientras la reforzaban e instalaban el ascensor.
Poco a poco se acostumbraron al horario de la obra, los golpes, el polvo, las voces de los hombres que pareciera que estuvieran más dentro de sus casas que fuera. Aunque a decir verdad, donde más tiempo pasaban “trabajando” era en la planta primera, junto a las ventanas de la academia de baile, mirando a través de las mallorquinas cómo las muchachas daban sus pasos elegantes y por lo que la Directora no ocultaba su satisfacción.
Bueno, o eso creía Silvina, porque una mañana a eso de las once, mientras colocaba la ropa de planchar en el armario del pasillo, oyó con nitidez unos ruidos que provenían de la cocina. Despacio, se acercó hasta la puerta entornada y por la rendija pudo ver a un tipo que, más que cortando, estaba apuñalando su jamón sin piedad.
-¿Quiere usted pan? - Le espetó desde dentro.
Rápidamente, la figura del hombre se incorporó. El tipo en cuestión se esforzaba mirando al interior de la cocina, pero no conseguía ver nada hasta que, pasados unos segundos, consiguió enfocar a la anciana.
-Señora - dijo – tiene usted humor. La verdad es que me vendría bien.
No parecía azorado en absoluto más al contrario, se le veía muy tranquilo y resuelto en la situación. Así que Silvina tampoco se violentó y le siguió la corriente.
-No hay problema, yo le pongo el bocadillo y usted me da un par de euros.
El individuo abrió los ojos y entendió que no era el único con facilidad para improvisar.
-Y dígale a sus compañeros que aquí estoy, con el jamón y la barra de pan, para lo que gusten.
Esa mañana llamaron al cristal de la ventana dos albañiles más y Silvina los atendió educadamente y les hizo el bocadillo, cobrando por ello, claro.
Cuando al día siguiente subieron nuevamente a pedirle el almuerzo, ella había ampliado la oferta y ahora también había café y latas frías que había subido Heliodoro avisado por ella. Con el paso de los días fueron repartiendo las tareas, Concha preparaba los bocadillos, Heliodoro abastecía la despensa, y Silvina atendía con cariño y humor a los trabajadores desde los desayunos hasta las comidas.
Un día, cuando subieron los obreros, se encontraron con una mesa y unas sillas en los que descansar cómodamente, y unas macetas con flores de primavera que colgaban y humanizaban el andamio. Aquello se había trasformado en una terraza, un espacio de encuentro de los vecinos y de los albañiles, y ya no se sabía si era interior o exterior ni a quién pertenecía, sólo que era muy agradable estar allí y más aún cuando al atardecer, alguno se decidía a poner algo de música para ambientar el lugar.
De este modo, el centro de atracción pasó de las ventanas de la academia de baile en la primera planta, a la terraza corrida de la quinta.
Y tanto fue así, que una noche del mes de julio, cuando ya sólo quedaban los tres ancianos sentados en el andamio rodeados por algunos farolillos, notaron los pasos suaves y ligeros de alguien que subía. Los tres se miraron en silencio,…
-Buenas noches –oyeron antes de ver la figura que les hablaba.
-Buenas noches –contestaron los tres al tiempo por acto reflejo.
Y así se quedaron mientras veían cómo la silueta directora de la academia de baile se acercaba a ellos amablemente.
-         Me han dicho que merece la pena subir hasta aquí para a disfrutar de la altura.
-         Sí, este es un buen lugar. Puede sentarse con nosotros y así lo comprueba.
-         ¿Quiere tomar algo?. Puedo ofrecerle algún refresco y cortar algo de jamón.
-         Una Coca-Cola estaría bien, gracias –dijo inclinando su flexible cuello de cisne.

A.      Arcas

Enero 2015

sábado, 7 de mayo de 2016

EXPOSICIÓN-Metrópolis


Metrópolis-Café (Guadalajara) ha presentado este jueves 5 de mayo la exposición en tinta y acuarela de Nina Arcas (Madrid, 1975).

La mayor parte de la obra expuesta representa momentos posibles,
escenas veraces que cualquier mujer podría protagonizar sin mayor escándalo dentro de su propia casa.
Un erotismo cotidiano en línea opuesta al exhibicionismo actual que nos invade.

Escenas figurativas en las que una técnica expresionista genera la atmósfera.


"Dime" (Tinta y acuarela sobre papel Arches - A3)


"Hasta aquí" (Tinta y acuarela sobre papel Basic - A3)


"Musarañas" (Tinta sobre papel Basic - A3)


"La parte valiente de pedir ayuda" (Tinta sobre papel Basic - A2 doble)
















sábado, 9 de enero de 2016

"PUENTE MELLADO"

Leve, frágil y esquemático.

El "puente colgado" de Azuqueca resiste esbozado sobre el cauce del Henares.
Hoy queda su reflejo mellado y muchos de sus tablones ya habrán desembocado en Lisboa.

¿Nadie jugó allí?
¿Nadie saltó, rió, merendó, fardó, besó, soñó,...asomado a su pretil?

Quizá un recuerdo ha despertado la memoria,
quizá la memoria de un concejal o un edil.


Acuarela. Arches 300 grms

Acuarela. Arches 300 grms

A. Arcas

miércoles, 23 de diciembre de 2015

"APARCAMIENTO DISUASORIO"


“APARCAMIENTO DISUASORIO”
Mucho antes de que la estación de autobuses fuera construida, aquella explanada llena de polvo en verano y de barro y charcos en invierno ya era un aparcamiento. Luego, en los años ochenta, levantaron el edificio para organizar la salida y la llegada de los viajeros que iban cada día a Madrid, cuyo número, como el propio tamaño de la ciudad dormitorio a la que daba servicio, iba en aumento. Esa fue la razón por la que adecentaron el descampado con una fina capa de asfalto y lo iluminaron con algunos focos altos, de forma que no se sabía si era más seguro permanecer en la oscuridad o entrar en la zona iluminada donde se quedaba totalmente a la vista.
Ahora, más de treinta años después, las rayas blancas perfectamente alineadas señalan las plazas de aparcamiento, y los árboles, que inexplicablemente nacen de una capa negra de alquitrán, protegen los coches del sol del mediodía.
Los conductores comienzan a llegar mucho antes de que acabe la noche y van ocupando los sitios por oleadas según marca el horario de salida de los autobuses. Los primeros viajeros pueden elegir las plazas más cercanas a la entrada de la estación, mientras que los demás tienen que colocarse en los espacios más lejanos salvo que con suerte encuentren algún hueco perdido. De este modo, la mancha de vehículos se extiende de forma radial y su vértice lo configura la puerta principal de la estación, por la que van entrando resignadamente las personas.

Él, Rafa, que antes podía ir a su oficina en AZCA caminando, se ha visto convertido desde hace 10 meses, en un usuario más del Servicio de Transportes Interurbano. No fue voluntario ni mucho menos, pero su divorcio lo obligó a reducir los gastos en todo lo posible y, aunque fuera una contradicción lógica, le resultaba mucho más rentable vivir a treinta y siete kilómetros de su lugar de trabajo que a uno.
Desde que se instaló en ese lugar indefinido, sentía un desarraigo enorme. Le faltaban los referentes familiares y los referentes formales que da un entorno conocido. Él no podía identificarse dentro de aquella ciudad dormitorio, “de esa ciudad dormida”, pensaba, y sumergido en la desorientación había encontrado en las pequeñas rutinas del día un punto de apoyo para no perderse aún más.
Por las mañanas, era de los que más se adelantaban y se esforzaba por dejar su SEAT Ibiza rojo en el mismo lugar, debajo del mayor árbol de la extensa playa de vehículos. La sombra arrojada de aquella enorme copa protegía por completo al coche y en su interior, Rafa sentía que a él también.
6:40h
Esa mañana fue escuchando la radio con la atención puesta en enterarse de los resultados deportivos del fin de semana. Su equipo no iba mal y eso le hacía albergar la esperanza de que mantuviera la división. Aparcó el coche en su lugar preferido y se dirigió decidido para llegar al autobús que salía a las 6:50h.
20:50h
Ella, Marta, no era muy exigente y cada día aparcaba en un sitio distinto, no prestaba atención a las condiciones de la plaza, le bastaba con dejar el coche lo más cerca posible del acceso de personas. Esa facilidad de elección era la parte buena de su trabajo nocturno, la parte mala era que su horario, contrapeado con el del resto de personas, no le permitía mantener una vida social normal, porque cuando podía encontrarse con sus amigas lo que realmente necesitaba era dormir.
Esa tarde, estacionó su brillante Mini blanco debajo de un gran árbol y pensó que ese hito la ayudaría a encontrarlo cuando volviera. Apagó el motor y salió ligera de él para coger el autobús de la 21:00h, pero con el primer paso notó que algo crujía debajo de su zapato.
-¡Ay! -llegó a decir.
Entonces retiró el pie y alcanzó a ver lo que podía ser un reproductor de música pequeño. Se agachó para recogerlo del suelo y lo frotó contra el vaquero que llevaba. La idea de que se le habría caído a alguien al subir o bajar del coche cruzó su mente, estaba claro, pero prefirió quitar ese pensamiento de la cabeza, “ahora ponte a colgar carteles para encontrarlo” pensó.
Luego, mientras se alejaba rápido para coger el bus, fue apretando los botoncitos del “chisme”, quería saber si aún funcionaba.
“¡Mira! Se ha encendido. Vamos a ver qué tiene esto dentro.”
 22:50h
Después del día de trabajo, Rafa regresó a casa. Lo habitual era que caminara decidido para arrancar lo antes posible y marcharse, pero hoy lo hacía zigzagueante con la mirada fija en el suelo. Estaba buscando su mp3. “¡Aquí no se ve nada!”, pensaba mientras le iba dando la vuelta al SEAT.
No sabía dónde se le había caído del bolsillo, pero le producía bastante desasosiego su pérdida, porque ahora los viajes iban a parecer todavía más largos. Sentía cierta adicción al sonido de ese aparato que le acompañada en los trayectos, principalmente por la radio que tenía, con la que podía escuchar a la gente hablar. Voces adultas que parecía que se dirigieran a él. “¡Qué solo estaba!”
Irritado por aquella contrariedad abrió la puerta del conductor sin prestar atención, el resorte hizo el resto al lanzarla contra la carrocería blanca del coche que estaba al lado.
-¡Bueno va!
“Paso” pensó, “ahora un parte al seguro, fijo que me suben la cuota”. “Nada, nada”. Y se marchó de allí sin apenas mirar el golpe
6:40h
Pero lo que no esperaba Rafa era que al volver a la mañana siguiente aún estuviera allí el coche blanco. Así que ahora volvía a tener un problema de conciencia sobré qué hacer: si aparcar en la otra punta o dejar una nota con su teléfono para que el dueño contactara con él.
Sabía que los remordimientos no lo dejarían tranquilo y colocó una hoja sujeta con el limpiaparabrisas, luego siguió andando como cada mañana. Lo cierto es que dejar sus datos lo había descargado y hasta relajado, y pudo dormir una buena parte del viaje aunque no tuviera su radio.
9:10h
Marta se bajó del autobús frotándose los ojos para ir despertándose antes de conducir hasta casa. Atravesaba el aparcamiento para acercarse a su coche mientras pensaba que el mp3 que se había encontrado la tarde anterior no tenía gran cosa, y que tendría que meterle algo de su gusto para poder usarlo. Aunque eso ya sería después de dormir porque era lo que necesitaba en ese momento, llegar a casa y meterse en la cama con las persianas bajadas completamente para que no entrara el sol.
-¡Pero!...¡Pero bueno!...¡Joder! ¿Esto es un golpe?...¡Joder! -repetía mientras pasaba la mano por encima de la abolladura roja.
Ya no tenía sueño y miraba alrededor queriendo encontrar al causante, como si fuera a estar allí esperándola. Convencida, por fin, de que allí nadie le iba a dar explicación alguna, se metió al coche masticando palabras que no se entendían, cuando leyó a través de la luna:
Siento el roce en la puerta. Mi teléfono móvil es 676952249. Rafael
Más tranquila, Marta aprovechó el fin de semana para llamar al número que le habían dejado. Rafa y ella, se pasaron los datos personales y los de los vehículos, además comprobaron que no iba a ser necesario quedar. Él avisaría a su aseguradora y a partir de ahí, ella podría llevar su coche a peritar y más adelante al taller.
No se encontraron, no se vieron, sólo se escucharon a través de sus respectivos móviles, no era necesario en el tiempo de las nuevas tecnologías, esas que según anuncian acercan a las personas.
Sin embargo, ahora cada uno de ellos podía reconocer el coche del otro dentro de la inmensa explanada de vehículos y sin ser muy conscientes se buscaban cada vez que entraban en ella.
Por eso, cuando semanas después Rafa vio que el Mini blanco había sido arreglado, se sitió bien después de mucho tiempo y se animó a dejarle a Marta otra nota en el cristal alegrándose por la reparación. Ya ni pensaba en quién tendría el mp3.


A.     Arcas

Diciembre 2015

viernes, 5 de junio de 2015

Horche


Es fabuloso salir a pintar al exterior. Hay que elegir una visual que te resulte tan interesante como para poder estar trabajando en ella dos o tres horas.  En el caso de Horche las pendientes son tan fuertes,  que los focos y las fugas se multiplican. Aquí estamos cerca de su conocido lavadero circular y miramos hacia el valle.

Horche (Guadalajara)